II Jornadas AEOS-Fundación BBVA

Las orquestas sinfónicas analizaron sus retos en las II Jornadas AEOS-Fundación BBVA que se celebraron los días 12 y 13 de noviembre en el Palacio del Marqués de Salamanca en Madrid.

 “La mayoría de las orquestas sinfónicas españolas están expuestas al riesgo de desaparecer por problemas económicos. Ya se han producido casos de EREs temporales y en algunas autonomías las orquestas han pasado a depender de otras estructuras, lo que abre un periodo de incertidumbre sobre su futuro” afirmó Ana Mateo, presidenta en funciones de la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas (AEOS), en la rueda de prensa de presentación de las jornadas.

En nuestro país las orquestas sinfónicas dependen en un 80% de la financiación pública, pero sus responsables buscan en el entorno internacional nuevas fórmulas de financiación. Se trata, en palabras de Ana Mateo, “de analizar a fondo el potencial de las orquestas sinfónicas, comparar las herramientas que tenemos para afrontar del mejor modo posible la crisis económica, cuestionarnos si el modelo que hemos seguido hasta ahora sigue o no siendo válido y cuál es el papel que las orquestas juegan en la educación musical del público futuro”.

El intercambio de experiencias y el establecimiento de lazos de cooperación internacionales son una de las señas de identidad del foro impulsado por AEOS y la Fundación BBVA, que este año ha contado con representantes de la Real Orquesta Nacional de Escocia (Reino Unido), la Orquesta Nacional de Lille (Francia), la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen (Alemania), del Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela y del Weill Music Institute de Carnegie Hall (Nueva York, Estados Unidos). Junto a ellos participaron representantes de la gran mayoría de las orquestas españolas.

La estabilidad presupuestaria es uno de los caballos de batalla de las orquestas sinfónicas, por lo que las jornadas dedicaron un amplio espacio al análisis de distintos modelos de gestión. Los recortes presupuestarios públicos están afectando a no pocas orquestas de todo el mundo, que se ven obligadas a explorar fuentes alternativas de ingresos, una área donde la tradición estadounidense es rica en experiencias.  Esta es la perspectiva que ha aportó Robert J. Flanagan, titular emérito de la Cátedra Konosuke Matsushita de Economía de la Business School de la Universidad de Stanford. En ese trabajo, Flanagan analiza la evolución financiera de 63 orquestas sinfónicas de Estados Unidos a lo largo de dieciocho temporadas, obteniendo un diagnóstico de situación claro: “En todo el mundo, las orquestas afrontan problemas similares: ninguna consigue equilibrar su presupuesto solo con la venta de entradas y, en general, la audiencia decrece en número y aumenta en edad”. Para Flanagan, el éxito pasa por una combinación de tres estrategias: “Aumentar la facturación por conciertos, reducir los gastos de funcionamiento y obtener más ingresos por otras vías (como los patrocinios). Ninguna de estas tres fórmulas funcionará por sí misma: las orquestas tienen que hacer un esfuerzo singular en las tres áreas”. La investigación realizada por Flanagan muestra, por ejemplo, que “aumentar un 10% el precio de las entradas reduce la asistencia a los conciertos en un 5%. Otra estrategia consiste en aumentar la asistencia a los conciertos, “un aspecto con margen de mejora, pues, de media, las salas se llenan al 70%. Sin embargo, para ocupar ese 30% restante se suele recurrir a campañas de publicidad y marketing y la evidencia científica muestra que los fondos destinados a este capítulo pierden progresivamente eficacia, es decir, cada dólar adicional tiene un efecto cada vez más pequeño en la captación de público”.

Ana Mateo, presidenta en funciones de AEOS, aportó la perspectiva europea, donde la dependencia de los presupuestos públicos, combinada con los recortes presupuestarios, aboca a la búsqueda de alternativas. “Es urgente una Ley de Mecenazgo que haga las donaciones atractivas para la iniciativa privada, pero las noticias más recientes que nos llegan es que la norma carece de fecha prevista de aprobación”. Recordó que en las orquestas españolas ya se han bajado los sueldos, aunque añadió que no se les debería aplicar el modelo de una empresa productiva, sino de una entidad sin ánimo de lucro que genera un bien de interés social como es la música. Pero también fue autocrítica: “Quizá en las orquestas tengamos que cambiar de mentalidad en cuanto a la percepción que se tenía de que la meta era lograr una plaza fija de trabajo. El objetivo debe ser búsqueda diaria de la excelencia”. También reclama desde las orquestas españolas “un régimen administrativo más flexible. La carga burocrática es tremenda, alarga los procesos y reduce la productividad. Por otra parte, cualquier iniciativa para aumentar la aportación del sector privado se topa con obstáculos. Por ejemplo, hay orquestas que han sustituido los programas de mano de los conciertos -que acababan en la papelera tras la velada- por una revista trimestral que incluye todos los programas y eso les permite, además, atraer publicidad. Pues bien, al no ser ingresos de concierto la Administración Pública les obliga a entrar en un laberinto burocrático adicional porque esos fondos tienen un tratamiento fiscal distinto”.

La necesidad de aumentar la asistencia a los conciertos se convierte en planificación a largo plazo cuando las orquestas estrechan lazos con la formación en las primeras etapas educativas. El papel de las orquestas en el proceso de transformación de las sociedades y en la educación de los ciudadanos centró uno de los bloques de discusión. En él participaron Sarah Jonhson y Joanna Massey, directora y director de Programas Escolares, respectivamente, del Weill Music Institute de Carnegie Hall, en Nueva York, que expondrán a los asistentes el proyecto Link Up.

Link Up se dirige a alumnos de tercero a quinto de primaria (es decir, con edades comprendidas entre los ocho y los diez años), se desarrolla a lo largo de un curso académico y une a profesores, alumnos y orquestas en una misma experiencia educativa. “Link Up pretende que los estudiantes conozcan la orquesta y disfruten del proceso de hacer música mediante clases interactivas y conciertos. El objetivo de Carnegie Hall es apoyar los programas educativos de las orquestas, reforzar sus vínculos con los colegios y facilitarles recursos prácticos -desde el programa hasta materiales formativos para profesores y alumnos- de la más alta calidad”, explica Joanna Massey. Solo este curso, 200.000 alumnos, 3.400 profesores de primaria y 42 orquestas de todo Estados Unidos participarán en el programa, creado en 1984 y por el que, tras 28 ediciones, han pasado ya cientos de miles de chicos. “El programa está diseñado de modo que sea enormemente participativo. Los alumnos abordan cada año una versión distinta: ‘La orquesta canta’, que se centra en la melodía; ‘La orquesta hace rock’, donde el protagonista es el ritmo; ‘Y la orquesta se mueve’, que aborda los motivos y la dinámica musical”, apunta Massey. “Los colegios que se inscriben reciben guías docentes y cuadernos del alumno, flautas, un CD de música y un DVD con recursos docentes que también se encuentra disponible online. Los profesores asisten previamente a un taller donde adquieren nociones importantes sobre el repertorio y cómo enseñar este programa. El curso concluye con un concierto en el que los chicos cantan o interpretan con la orquesta el repertorio que han estudiado a lo largo del curso”, añade.

El éxito de esta iniciativa, especialmente desde su rediseño hace tres años, ha llevado a la expansión internacional. “Hemos firmado un convenio de colaboración con la Orquesta del Principado de Asturias, en España; y estamos trabajando en esa misma dirección con la Kitchener-Waterloo Simphony de Ontario, en Canadá, y el Pacific Music Festival de Sapporo, en Japón. Ahora que ya tenemos traducido el programa al castellano, confiamos en que lo adopten otros países de habla hispana”, concluye Massey. La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias será la primera de habla hispana en adoptar Link Up.

Sin embargo, el comúnmente denominado Sistema, a secas, es mucho más que sus orquestas de referencia. Constituye un sistema de formación extendido por todo el país que utiliza la música como plataforma de desarrollo personal. Más de 300.000 niños y jóvenes se han beneficiado de esta iniciativa a lo largo de los años. En zonas deprimidas o con riesgo de exclusión social, “la riqueza espiritual que les proporciona la música y la interpretación de un instrumento musical, salva a los niños y niñas de las orquestas de la pobreza moral, de los complejos sociales y les da herramientas psicológicas e intelectuales para vencer la pobreza material”, apuntó Rubén Cova. El programa está informado por principios éticos, de manera que la música contribuye al desarrollo personal y se integra en la vida cotidiana de familias y pueblos, tanto más en cuanto el repertorio conjuga decididamente la música académica con la popular.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio